Agricultores españoles frente a la competencia marroquí: "Ellos trabajan por 8 euros la jornada, nosotros por 90"

📅 27/06/2026

El campo español vuelve a enfrentarse a una de sus mayores encrucijadas: la imposibilidad de competir en precios con la producción agrícola marroquí. Esta situación, que se arrastra desde hace más de una década, amenaza especialmente a los cultivos que requieren más mano de obra y pone en jaque la viabilidad de muchas explotaciones familiares. La diferencia abismal en los costes laborales es el principal factor que explica esta brecha, y los datos más recientes confirman que el problema no solo no se resuelve, sino que se agrava.

"No podemos competir. Hay que tener en cuenta que el coste laboral en España se sitúa aproximadamente en unos 90 euros por jornada de trabajo, por 8 horas, cuando el coste laboral en Marruecos por el mismo tiempo son 8 euros", señala Andrés Góngora, agricultor de larga trayectoria y responsable estatal de Frutas y Hortalizas en la organización agraria COAG. En una reciente entrevista radiofónica, Góngora puso el foco en una realidad que los productores conocen bien: esa diferencia de costes no se refleja en los precios finales que paga el consumidor, y los márgenes se estrechan hasta hacer inviable la continuidad de muchas fincas.

Un desequilibrio que se cronifica y que golpea al empleo

La discrepancia en los costes salariales entre ambos países no es un fenómeno nuevo, pero sí se ha convertido en un factor estructural que distorsiona por completo la competencia. Mientras que en España el salario mínimo y los costes de Seguridad Social elevan la jornada laboral a cerca de 90 euros, en Marruecos la misma jornada se paga con una cantidad que apenas alcanza los 8 euros. Esta diferencia de más de diez veces hace que los productores españoles no puedan igualar los precios de las importaciones marroquíes, especialmente en productos como el tomate, el calabacín, el pimiento o las frutas de hueso.

Las consecuencias son evidentes en el campo. Según Góngora, los cultivos que más empleo generan están siendo progresivamente abandonados porque los márgenes no permiten sostenerlos. Entre ellos destaca el tomate cherry, un producto de alta demanda pero también muy intensivo en mano de obra, y la cereza, que requiere cuidados constantes durante toda la temporada. Ambos cultivos están perdiendo superficie plantada en España a un ritmo preocupante.

Importaciones disparadas: más del 50% de aumento

Los datos confirman la tendencia. Durante el primer semestre de 2025, las importaciones de tomate procedentes de Marruecos aumentaron más de un 50% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Este incremento no es puntual, sino que responde a una estrategia comercial marroquí que ha logrado posicionarse en los lineales de los supermercados españoles con precios muy competitivos. La presión sobre los agricultores locales es cada vez más intensa, y muchos se ven obligados a vender por debajo de sus costes de producción o directamente a dejar de cultivar.

Según Góngora, "este desajuste es una anomalía que se prolonga desde hace años y que nunca se traslada a los precios que paga el consumidor final". Es decir, la gran distribución se beneficia de los bajos precios de importación, mientras que el productor nacional asume todo el peso de la competencia desleal y los costes laborales más altos.

La tecnología como tabla de salvación

Ante este panorama, los agricultores españoles buscan alternativas que les permitan mantener la rentabilidad sin renunciar a la calidad. La innovación tecnológica se presenta como la vía más prometedora para reducir costes, optimizar recursos y mejorar la productividad. Desde sistemas de inteligencia artificial hasta dispositivos de precisión, el campo español está empezando a adoptar herramientas que antes parecían propias de otros sectores.

Estas soluciones no solo pueden reducir los costes operativos, sino que también permiten una gestión más sostenible y precisa de los recursos. Sin embargo, su implantación requiere una inversión inicial que no todos los agricultores pueden afrontar, por lo que desde las organizaciones agrarias se reclaman ayudas públicas y líneas de financiación específicas para la digitalización del campo.

El futuro del cultivo intensivo en España

El sector agrario español se encuentra en una encrucijada. Por un lado, la presión de las importaciones marroquíes no da tregua y las previsiones apuntan a que seguirá creciendo. Por otro, los costes laborales en España no prevén una reducción significativa a corto plazo. En este contexto, la apuesta por la innovación y la tecnología no es una opción, sino una necesidad para garantizar la supervivencia de las explotaciones y el mantenimiento del empleo rural.

Mientras tanto, los agricultores como Andrés Góngora siguen reclamando que se tomen medidas en el ámbito comercial y laboral que permitan una competencia más justa, como la exigencia de que los productos importados cumplan con los mismos estándares sociales y ambientales que se exigen a los productores europeos. Hasta que eso ocurra, el campo español deberá ingeniárselas para seguir adelante con las herramientas que la tecnología pone a su alcance.

Agricultores españoles frente a la competencia marroquí: "Ellos trabajan por 8 euros la jornada, nosotros por 90"

Contenido original en https://www.elespanol.com/sociedad/20260627/andres-agricultor-espana-no-podemos-competir-marruecos-pagamos-euros-jornada-solo-kw/1003744302221_0.html

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