Autopista Trump en el Sáhara: el gesto geopolítico de Marruecos que busca seducir a Washington
El pasado domingo, el rey Mohamed VI de Marruecos realizó un gesto de gran calado diplomático al bautizar una autopista de 1.055 kilómetros con el nombre del presidente estadounidense Donald Trump. La vía, denominada «Autovía Presidente Donald J. Trump», recorre la costa atlántica desde Tiznit, en el sur del país, hasta Dajla, en el Sáhara Occidental, atravesando además El Aaiún y otras localidades cuya soberanía es motivo de controversia internacional. Aunque para Naciones Unidas este territorio sigue siendo un caso pendiente de descolonización, Estados Unidos –bajo el primer mandato de Trump– reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en diciembre de 2020.
El propio Trump anunció el nombramiento en su red Truth Social, compartiendo un vídeo de casi cuatro minutos donde la autopista es definida como «la vía de la paz para la prosperidad». En las imágenes se mezclan banderas de ambos países, vistas aéreas del desierto, el litoral atlántico y el futuro puerto marítimo de Dajla. Trump escribió:
«Gracias al muy respetado Mohamed VI, rey de Marruecos. ¡Qué gran honor! Espero recorrer algún día toda esta gran carretera, ojalá pronto.»El mensaje fue fijado en la parte superior de su cuenta, un gesto que suele reservar para los anuncios que considera especialmente relevantes.
Una carretera con historia y polémica
La infraestructura no es nueva: se trata del desdoblamiento y ampliación de la carretera nacional que discurre por el litoral atlántico, un proyecto iniciado en 2015 con un presupuesto estimado de 900 millones de euros. Las obras están prácticamente finalizadas y el eje se encuentra en fase de puesta en servicio completa. El trazado conecta territorio marroquí reconocido internacionalmente con El Aaiún y Dajla, dos de los principales núcleos urbanos del Sáhara Occidental, un área que Rabat controla de facto pero que el Frente Polisario –respaldado por Argelia– reclama como independiente.
Naciones Unidas mantiene el Sáhara Occidental en su lista de territorios no autónomos desde 1963. La misión de la ONU, creada en 1991, conserva en su nombre la referencia al referéndum que debía permitir a los saharauis elegir entre la independencia y la integración en Marruecos, una consulta que nunca se ha celebrado. España, hasta el giro de Pedro Sánchez en 2022, había mantenido una posición similar a la de la ONU, sin reconocer la soberanía marroquí sobre el territorio. Para la monarquía alauí, la carretera que ahora lleva el nombre de Trump supone una oportunidad de convertir aquel reconocimiento diplomático de 2020 en un símbolo visible y permanente sobre el terreno.
- Recorrido: Tiznit – El Aaiún – Dajla (1.055 km).
- Inversión: 900 millones de euros, iniciada en 2015.
- Reconocimiento de EE.UU.: diciembre de 2020, durante el primer mandato de Trump.
- Estatus ONU: territorio no autónomo pendiente de descolonización.
La ofensiva diplomática marroquí hacia Trump
Marruecos ha intensificado en los últimos meses sus gestos de acercamiento a la Administración Trump. En enero de 2025, Mohamed VI aceptó incorporarse como miembro fundador de la Junta de Paz creada por el presidente estadounidense. Marruecos y Baréin fueron los primeros países en firmar en Davos la carta fundacional de este organismo, concebido inicialmente para abordar el plan de Gaza pero al que Trump quiere otorgar competencias más amplias en otros conflictos. Además, Rabat se sumó a los Acuerdos de Abraham para normalizar relaciones con Israel, junto a Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Sudán.
En abril, la Administración estadounidense utilizó la feria tecnológica GITEX Africa, celebrada en Marrakech, para presentar a Marruecos como la puerta de entrada digital al continente africano. Empresas estadounidenses de informática, inteligencia artificial, centros de datos y ciberseguridad han incrementado su presencia en el país. Rabat ofrece estabilidad política, acceso a los mercados africanos, un tratado de libre comercio con Estados Unidos y una posición estratégica entre el Atlántico y el Mediterráneo.
Para quien desee profundizar en el trasfondo geopolítico de la región, existen excelentes guías y ensayos sobre el Sáhara Occidental que analizan la historia del conflicto y las recientes dinámicas diplomáticas.
La batalla por la final del Mundial 2030
Uno de los objetivos estratégicos de Marruecos es albergar el partido decisivo del Mundial de fútbol de 2030, que organizará junto a España y Portugal. La candidatura fue aprobada por aclamación por las 211 federaciones de la FIFA en diciembre de 2024. Los tres países acogerán 101 partidos, mientras Uruguay, Argentina y Paraguay celebrarán un encuentro cada uno por el centenario del torneo.
España parte con el Santiago Bernabéu de Madrid y el Camp Nou de Barcelona. Marruecos, por su parte, construye cerca de Casablanca el estadio Hassan II, con capacidad prevista para 115.000 espectadores. Las autoridades marroquíes esperan tenerlo terminado en diciembre de 2027. El proyecto fue diseñado desde el principio para competir por la final. En Marruecos, la final es considerada una cuestión de Estado: las obras avanzan las 24 horas, con miles de trabajadores y una coordinación centralizada bajo la federación marroquí y el equipo del rey. La candidatura no solo se apoya en la capacidad del estadio, sino en toda una operación diplomática desplegada ante África, Asia, los países árabes y la dirección de la FIFA.
Según informaciones publicadas en España por medios como The Objective, Rabat afirma disponer ya de 22 de los 37 votos del Consejo de la FIFA. En ese recuento, Marruecos contaría con los representantes de África, Asia, Norteamérica y Oceanía, además de los apoyos de Catar y Arabia Saudí. También habría utilizado su relación con la Administración Trump para consolidar parte de ese bloque. La FIFA no ha confirmado oficialmente ningún conteo, pero el dato refleja la intensa batalla de influencia que se libra tras bambalinas.
El presidente de la Federación Española, Rafael Louzán, ha defendido que la final debe celebrarse en España porque el proyecto nació como una candidatura ibérica a la que Marruecos se incorporó después. Sin embargo, el argumento histórico choca con una campaña marroquí más disciplinada, respaldada por un estadio de mayor capacidad y por una red de apoyos africanos y árabes. Trump no decide directamente la sede, pero su estrecha relación con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino –forjada durante el Mundial de 2026– podría ser decisiva. Para el aficionado, ya se pueden encontrar balones oficiales y equipaciones de las selecciones participantes en las tiendas especializadas.
La tensión con España y el pulso por la influencia
Mientras Trump agradecía a Mohamed VI la autopista, su relación con España atravesaba su momento más delicado. Durante la reciente cumbre de la OTAN en Ankara, Trump calificó a España de «socio terrible» y ordenó a su secretario del Tesoro preparar la suspensión del comercio bilateral. El presidente reprocha a Pedro Sánchez su resistencia a elevar el gasto militar hasta el cinco por ciento del PIB y su negativa a facilitar el uso de bases y espacio aéreo españoles durante el conflicto con Irán.
Este distanciamiento entre Washington y Madrid beneficia los intereses de Rabat, que busca posicionarse como el aliado preferente de Estados Unidos en el norte de África. La carretera, el estadio, los acuerdos de paz y la participación en la Junta de Paz son piezas de una misma estrategia: asegurarse de que la final del Mundial de 2030 no se dispute en España, sino en el nuevo coloso de Casablanca. Para entender mejor el contexto geopolítico del fútbol, libros sobre geopolítica del fútbol ofrecen claves sobre cómo el deporte se convierte en herramienta diplomática.
Contenido original en https://www.elcorreo.com/internacional/eeuu/marruecos-corteja-trump-poner-nombre-autopista-sahara-20260726201504-ntrc.html
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