De Marrakech a Madrid: la embajada gastronómica de los primos Bultó

📅 05/08/2026

Inés Bultó Mata y Bruno Oliver Bultó son primos hermanos, pero sobre todo son una pareja profesional que ha aprendido a convertir los contrastes en una ventaja. Ella es metódica y observadora; él, impulsivo y visceral. A pesar de esas diferencias, forman un tándem en el que la hospitalidad, la estética y la cocina se entrelazan con naturalidad. Ella estudió Ciencias Medioambientales y él ADE, aunque ninguno de los dos acabó dedicándose a lo que estudió. La vida les llevó por otro camino, y ese camino tenía nombre propia: Marrakech.

«Yo sabía que algo haría con Inés», recuerda Bruno al explicar cómo empezó esta aventura compartida.

Un flechazo en la medina

Todo comenzó en la primera década de los 2000, cuando Inés reservó un riad casi a ciegas. La llegada resultó desconcertante: una puerta anodina en mitad de la medina que, al cruzarse, daba paso a un oasis de tranquilidad. Esa mezcla de misterio, calma y belleza les marcó profundamente. «Nos enamoramos del concepto», rememoran. Aquella fascinación se materializó en 2007 con la compra de Riad Abracadabra, que abrió sus puertas en 2009, antes de que la ciudad marroquí se convirtiera en un destino masivo.

El siguiente paso fue Abracadabra Store, un proyecto de piezas de cuero elaboradas entre Marruecos y Ubrique. Poco después llegó Casa Abracadabra, una ambición mayor a las afueras de Marrakech. Lo adquirieron en marzo de 2020, justo cuando el mundo estaba a punto de detenerse. «Firmamos y el mundo se cerró», explican. Podrían haber renunciado, pero eligieron quedarse. Se instalaron allí con sus familias durante tres años para levantar el hotel desde dentro: obra, gestión, colegio de los niños y aprendizaje acelerado. Hoy, Casa Abracadabra tiene 24 habitaciones, spa, restaurante y un calendario de eventos propio. Cuenta con una estructura consolidada y un equipo amplio, mientras ellos se mueven sin descanso entre España y Marruecos. «Fue un proyecto vital además de empresarial», resumen.

Toque Abracadabra, la embajada en Madrid

De vuelta en Madrid, y sin dejar de mirar hacia Marrakech, su última apuesta ha sido transformar Toque de Sal, el restaurante que abrieron en 2015 en plena efervescencia de la calle Ponzano, en Toque Abracadabra. No se trata solo de un cambio de nombre. La idea es integrar este local dentro del universo que llevan años construyendo en Marruecos. «Queremos que sea nuestra embajada aquí», afirman. Quien haya dormido en sus hoteles reconocerá en Madrid el mismo espíritu.

El origen de Toque Abracadabra fue poco ortodoxo. Tras una feria en París donde no vendieron absolutamente nada, «cero euros, literal», decidieron canalizar la frustración hacia un proyecto tangible. Encontraron un local cerca de su oficina. Inés dudaba: «era un antro». Bruno, en cambio, lo tuvo claro desde el minuto uno. Más de una década después, la fórmula sigue siendo la misma: un espacio pequeño, acogedor y con una estética que no pasa de moda.

La reforma volvió a ser un asunto de familia. Álvaro, hermano de Bruno y arquitecto, firmó el proyecto. Mercedes Bóhorquez, mujer de Bruno, se encargó de la decoración. El resultado es un ambiente cálido, con materiales nobles y esa sensación de casa vivida que escapa del diseño efímero. «La gracia es que envejezca bien», dicen. Y lo ha conseguido.

Cocina de producto y guiños a Marruecos

En la cocina mandan el producto, el equilibrio y las recetas reconocibles. No hay fuegos artificiales ni platos excesivamente complicados, pero sí una ejecución sólida que invita a repetir. La carta incluye:

Con el cambio de marca, además, han introducido discretos acentos marroquíes: un tajine cocinado durante horas, briouats y el clásico té a la menta. Todo sin imposturas. «No queremos ser un restaurante marroquí, solo traer pinceladas», insisten. Para quien quiera probar en casa alguna de estas preparaciones, hay tajines de cerámica en Amazon que encajan perfectamente con esta cocina. También se puede preparar el tradicional té marroquí con té verde y menta.

Vinos, equipo y una atmósfera que atrapa

La carta de vinos es una de las grandes bazas del local. Reúne referencias reconocibles, una buena selección y precios contenidos. Bruno lo explica con claridad: «Prefiero que el cliente repita botella porque le parece bien de precio». Esa filosofía se extiende también al equipo. En un sector marcado por la rotación, ellos presumen de estabilidad: encargados que llevan años, una cocina consolidada y un trato casi familiar. «Cuidamos a la gente y eso se nota», aseguran. Y se nota en la sala, donde todavía se puede improvisar, comer en la barra o alargar la sobremesa sin que nadie mire el reloj.

Para entender de dónde viene esa manera de entender la hostelería, conviene viajar hasta el origen. Una guía de Marrakech puede ser el primer paso para descubrir los riads y la medina que inspiraron esta historia.

De Marrakech a Madrid: la embajada gastronómica de los primos Bultó

Contenido original en https://www.elmundo.es/metropoli/gastronomia/restaurantes/2026/07/29/6a39614221efa0ee598b4590.html

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